Empezamos nuestra segunda visita a Polonia en «Españoles por el mundo», visitando a un portero español que poco a poco ha ido progresando en el futsal polaco hasta llegar al famoso Legia Varsovia. Se trata de Ignacio Casillas (09/01/1986), portero extremeño que ha jugado varias temporadas en Polonia, y además ha estado en diferentes equipos.

Es la segunda vez que elegimos Polonia como destino en «Españoles por el mundo», tras conocer a Josiko, jugador español de la Serie A de italia.

Ignacio Casillas nos hablará sobre su experiencia en el futsal de Extremadura y Polonia, y también sobre cómo esta siendo su vida en Polonia…

Entrevista

-La primera pregunta es muy parecida siempre, para conocer vuestros orígenes en este deporte. ¿De dónde eres? ¿Y por qué empezaste a jugar al fútbol sala?

Soy natural de Cáceres. He vivido toda mi vida allí, excepto el año que fui a estudiar a Madrid en 2005. En 2016 me mudé definitivamente a Varsovia.

Empecé a jugar porque un amigo muy cercano de la familia, que era el presidente del que quizás ha sido el equipo más histórico del fútbol sala cacereño, el AD Extremadura FS, me inyectó desde muy joven el amor por este juego. Ya a los 4-5 años me llevaba a ver los partidos del primer equipo al Pabellón de la Ciudad Deportiva. Flipaba con el ambiente y lo espectacular de ese deporte en el que la gente cantaba gol 14 o 15 veces por encuentro. Cuando tuve una edad más o menos buena para empezar a jugar, 8 años, mis padres me apuntaron a las Escuelas Deportivas Municipales como actividades extraescolares en los centros educativos. En aquel entonces, las escuelas de fútbol sala las gestionaba la AD Extremadura y sus jugadores eran los monitores. Tuve la gran suerte de que el portero del primer equipo, Manolo Jordán, fuera el mío. Vio potencial, me estuvo preparando durante un par de años y cuando cumplí los 10, entré en las categorías inferiores del club, en Alevín, que por aquel entonces era el nivel de menor edad en el que podías jugar competición (luego con los años se sumaron el Benjamín, el Pre-Benjamín, el Chupetín, etc.). Fueron años preciosos. Mucho mérito el del club, que consiguió reunir una auténtica selección de jugadores que luego darían muchas alegrías al fútbol sala extremeño en edad adulta. Más allá de los Campeonatos de Extremadura ganados o los de España jugados, me quedo con que éramos una familia y nuestros padres tenían también muy buena relación entre ellos. De hecho, mantengo muy buena amistad con muchos compañeros de esos años.

Por aquella época, cercana a la de los dinosaurios en el fútbol sala, aún se jugaba con las reglas antiguas. El portero no podía salir del área (la primera vez que salías y tocabas el balón te advertían, las consiguientes eran tarjeta); el balón de saque de puerta debía tocar suelo antes de pasar el centro del campo; se sacaba de banda y córner con la mano; los dobles penaltis se tiraban en 12 metros en lugar de en 10; había tarjetas azules (que se llamaban excluyentes) y el equipo que la sufría no perdía un hombre en el campo… Me encantaba ese fútbol sala. Estaba todo pensado en aras del espectáculo. Esa época definió mucho la clase de portero que sería posteriormente. Recuerdo que el día que cambiaron las normas, me cogí un buen disgusto durante un tiempo.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Empiezas a jugar al fútbol sala en diferentes clubes de Extremadura, hasta que viajas a Polonia… ¿Crees qué progresaste como portero en aquellos años?

Sí, por supuesto que sí. Al final, mi carrera en Polonia es una consecuencia del trabajo de muchos años en España. Creo que, a mí, curiosamente, lo mejor de mi andadura en el futsal me ha llegado en el tramo final. Jugar en 1ª División de un país, recalar en los clubes más importantes, conseguir un ascenso a la elite con un club hecho de estudiantes… estos 5 años han sido una sucesión de sueños y objetivos cumplidos a nivel personal… que llevo luchando desde los 15 años.

Para bien o para mal (aunque mi opinión es que la vida me ha demostrado que fue para muy bien decantarme por los estudios), abandoné la práctica del fútbol sala en dos etapas diferentes durante el instituto (de 14 a 15 y de 16 a 18 años), que son las edades en las que técnica y tácticamente más se desarrolla un jugador atendiendo a las bases y fundamentos del juego. Eso provocó un in-pass en mi formación que tuve que ir recuperando en los primeros 5 años pasados los 20. Pero no me arrepiento. Eso también me ha permitido ser consciente de mis debilidades y defectos con cierta madurez y poder trabajar para minimizarlos en la medida de lo posible.

Pero sin duda, ha influido muchísimo el tener la suerte de compartir equipo con jugadores que me han ayudado a que la mejora fuera sustancial. Entrenar todos los días con compañeros top en cualquiera de las facetas del juego te permite analizar cuáles son las cosas que mejor y peor se te dan y trabajar en ellas. Siempre me he sentido muy arropado y querido y eso hace que te autoexijas más para no fallarles.

Por último, he pasado por las manos de entrenadores que me han exigido el máximo. Eso habla bien de ellos. Sabiendo de dónde venía, siempre han creído que podía dar un nivel que igual no mostraba, y no han tenido piedad al respecto cuando de hacérmelo ver se trataba. Les estoy muy agradecido porque si ahora estoy donde estoy es en parte gracias a ellos.

Siempre digo que para saborear de verdad una victoria o para disfrutar estando en el campo, antes has tenido que tener muchas derrotas y conocer muchas banquetas. Eso forma parte de mi carácter y no me da vergüenza reconocer que eso es lo que más me ha empujado a mejorar.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Ya en el año 2016, decides poner rumbo al extranjero, concretamente a Polonia, dónde también has estado en varios clubes. ¿Cómo fue tu primera experiencia en el extranjero? ¿Qué diferencias has encontrado respecto al futsal español?

Fue espectacular, no te puedo mentir. Vine a Polonia por temas laborales, y desde unos meses antes pensaba que mi carrera como jugador había acabado, con lo cual fue una auténtica sorpresa el poder jugar aquí y mucho más en una categoría como 2ª División. Además, ese año el club apostó fuerte por el ascenso y juntó a un grupo de jugadores universitarios con cierta experiencia y 4 o 5 veteranos que darían un plus al equipo. Fuimos líderes destacados hasta Navidades, pero después una crisis interna hizo que muchos jugadores salieran y el proyecto acabara la temporada con jóvenes sin experiencia y los dos extranjeros (mi compañero portugués y yo). Aún así, con un año de tanto contraste, aprendí mucho de esa experiencia y fue un máster gratuito de gestión de vestuario y manejo de relaciones personales. Siempre hay que intentar quedarse con lo positivo. Aún con todo eso que pasó, finalizamos 3º y estuvimos a un paso de jugar el PlayOff de ascenso.

La principal diferencia es que es un fútbol sala muy físico. Puede sonar a tópico, pero es que realmente lo es. Basan su filosofía de juego en la preparación física y en el intercambio de lucha, contacto, de superioridad corporal. No elaboran casi las jugadas y el pívot es la ficha dominante del tablero. La importante y la que marca la diferencia, porque hace que todo gire en torno a él. Las alas son carrileros que buscan los espacios a las espaldas y el cierre es prácticamente un jugador fijo, que suele tener buen disparo a puerta y llegada. Esto tiene sentido atendiendo a la propia idiosincrasia del fútbol sala en Centro Europa, pues originalmente, los jugadores de fútbol sala procedían en un 99% del fútbol 11.

Poco a poco, los estilos de juego van evolucionando y progresando. La llegada de talento extranjero va cambiando la mentalidad y los jugadores polacos comienzan a hacer cosas “distintas”, por afinidad y porque realmente ven que, en un deporte con tan pocos espacios, tienes que poseer recursos más allá de ser fuerte o correr mucho.

La cosa va a cambiar terriblemente en los próximos 5 años aquí. Ojo que Polonia a nivel internacional no va a ser un rival al que la gente quiera enfrentarse.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Entre los equipos de Extremadura y de Polonia, ya van unos cuántos años en el futsal… ¿Qué logros has conseguido? ¿Cuáles son tus mejores recuerdos?

¡Sin duda! ¡Este año comparto portería con alguien que incluso podría ser mi hijo! Jajajaja. Son 27 años desde que empecé a jugar y 15 años ininterrumpidos jugando en equipos nacionales. Son muchos kilómetros en las piernas… jajaja.

Quizás los campeonatos o medallas no son lo más importante para mí, si no el camino que he tenido que recorrer hasta poder llegar a ellas; compartir muchos momentos de alegría y de disfrute con cientos de compañeros, pero también de frustración, de rabia, de pena, … Eso hace al grupo fuerte y cuando los buenos momentos llegan, se disfrutan mucho más.

En España guardo muy buen recuerdo de los ascensos a 2ªB (en uno de ellos la 2ªB todavía se llamaba Nacional A), sobre todo del conseguido con el Cáceres FS. Un equipo con un talento descomunal, ¡pero sin recursos ninguno! Fue una temporada de ensueño. El ascenso con el UEx fue la culminación de un trabajo de 3 años; fue quitarse de encima una gran responsabilidad. También conservo grandes memorias de las medallas de los Campeonatos de España Universitarios en 2011, 2013, 2014 y 2015. Fue una generación única la que se juntó en esa franja de años. Lástima esos penaltis contra Antequera en la final de 2015, se nos escapó una oportunidad histórica.

En Polonia, me hizo mucha ilusión ser el primer portero español de la historia en jugar en Ekstraklasa (1ª División). Ojalá mi historia pueda servir como referencia a muchos más guardametas que se decidan a dar el salto aquí en los próximos años. A pesar de que no pude celebrarla mucho por ocurrir en la peor época de la pandemia, el ascenso a Ekstraklasa con la Universidad de Varsovia también fue una alegría mayúscula. Me supuso devolver una deuda con la ciudad, que se portó tan bien conmigo cuando llegué. Me prometí ayudar a que su equipo de fútbol sala volviera a la máxima competición después de 14 años, y puedo decir que lo conseguí.

Te soy sincero: el día que me retire, me iré en paz. He disfrutado de una carrera que ni en los mejores sueños hubiera esperado. Pero eso no significa que ya no quiera más… Conseguir una medalla con Legia sería taaan buen final…

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Aunque la situación en la Ekstraklasa ha mejorado mucho en los últimos años, en Polonia es difícil dedicarse al futsal al 100%. A parte de tu trayectoria como portero, a qué has dedicado el resto de tu tiempo… ¿Qué has estudiado? ¿Y en qué trabajas?

Sí, los estudios siempre han estado muy presentes en mi vida y debido a ellos, como te comentaba antes, dejé durante algún tiempo la práctica del fútbol sala. En 2006 decidí volver con todas las de la ley y aparqué un poco la carrera, aunque seguía matriculado. Me acabé dando cuenta que era un absoluto error, así que volví a engancharme y en 2014 acabé Ingeniería Técnica de Obras Públicas. Un año después, en 2015, finalicé el Grado en Ingeniería Civil en la Universidad de Extremadura. Durante el tiempo que estudiaba en Cáceres, también trabajé en el Servicio de Deportes de la UEx (SAFYDE), como becario.

Tras moverme a Polonia, empecé a trabajar como Especialista en Gestión de Datos y Gestor de Cuentas en una multinacional americana. Estuve allí 5 años y durante ese tiempo me he estado formando en la rama de Liderazgo en empresas.

Este mes, me he unido a una nueva empresa, llamada Zimmer Biomet, que fabrica y provee prótesis quirúrgicas para pacientes con dolencias óseas graves. Soy el Team Leader de uno de sus equipos de trabajo para España y Portugal. Es un trabajo que me encanta, porque está muy directamente relacionado con el deporte y algo tan común como son las lesiones. Poder ayudar a las personas a mejorar su calidad de vida y aliviar el dolor es algo que realmente te llena como individuo.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Durante tu primera etapa, ¿Te resultó difícil compaginar el futsal con los estudios? ¿Y por qué eliges Polonia como destino?

Sí, resultó difícil sobre todo porque en aquel entonces yo tenía una organización pésima. No fue tanto la exigencia de la carrera, que era exigente y mucho, como que yo no supe aprovechar y exprimir mi tiempo de una manera ordenada y marcando las prioridades. Desde la distancia que te dan los años, digo muy conscientemente que hay tiempo para todo. Pero has de emplearte con mucho empeño y compromiso en aquello que te plantees. Si no cabe en el calendario, igual es mejor guardar esa idea y retomarla cuando se haya acabado otra que estuvieras haciendo. Estudios, Futsal, pareja, fiesta, amigos… se puede tener todo. Pero siempre estableciendo claras las prioridades y la disposición del tiempo.

¡La verdad que más que elegir yo a Polonia, me eligió Polonia a mí! Empezó a gestarse cuando mi mujer, Ana, que entonces era mi novia, se movió a una localidad llamada Zielona Góra (cerca de la frontera con Alemania) para estudiar la Erasmus en 2015/16.

Fui a visitarla 4 o 5 veces en ese tiempo y me encantó el país. Deportivamente, el año fue un desastre: a finales de noviembre me rompí el meñique de la mano derecha en un entrenamiento y cuando estaba recuperado, una neumonía el día de Año Nuevo me dejó fuera de combate durante más de 2 meses. Para el tiempo en el que quise volver, la temporada afrontaba su recta final y el entrenador tenía planes de rejuvenecer la portería con gente del filial, así que me quedé sin posibilidad de jugar.

Honestamente, el fútbol sala era lo único que me retenía a Cáceres, quitando el aspecto familiar; así que después de que pasara eso, decidí afrontar nuevos retos y moverme fuera España, intentando estar lo más cerca posible de mi novia. Aproveché una muy buena ocasión que se me presentó gracias a un gran amigo de años atrás, Pablo, y me fui sin mirar atrás, sólo con billete de ida a Varsovia, tras pasar las distintas entrevistas.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Desde aquel año no has salido de Polonia, una cultura muy diferente a la nuestra y con un clima complicado… ¿Qué tal te has adaptado al país? ¿Y qué diferencias culturales has encontrado?

¡Bien! ¡Si yo soy una persona muy dócil! Jajaja. Me adapto rápido a todo e intento aprender lo máximo posible de los cambios que vivo. El problema en Polonia es principalmente el invierno y los días tan cortos que tiene, pero en mi caso fui muy afortunado porque comencé el trabajo el 1 de julio y tuve tiempo de disfrutar del sol y prepararme para el invierno. Es un país en el que con poquito se vive bien. Me puse a aprender lo más rápido posible su lenguaje y eso facilitó mucho las cosas también.

Los polacos son un pueblo generalmente más serio que los españoles. Es muy raro verlos reír y no tienen un sentido del humor tan alegre como el nuestro. Su concepto de la familia es también curioso, pues contraen matrimonio o son padres muy jóvenes y pasan a vivir por y para su propio núcleo familiar. La comida también es muy distinta. Comen cosas muy calóricas, con mucha grasa, para hacer frente al frío extremo. Me llamó mucho la atención también lo callados que son cuando están en la calle o en transporte público. Es gracioso, porque en los restaurantes, sólo escuchas a gente italiana o española hablando muy alto, los polacos casi susurran. ¡Y conducen muy loco, adelantando por la derecha en las autovías!

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

Dejando el futsal de lado, ¿Qué metas u objetivos tienes en tu futuro?

Ahora comienzo una etapa muy bonita en mi nueva empresa. Me han ofrecido una muy buena oportunidad de seguir desarrollándome profesionalmente en un área que me parece apasionante. Poder progresar poco a poco creo que debe estar en la agenda de cualquier trabajador y es en lo que me quiero centrar ahora en mi “otra vida laboral”.

También hay otra área que me llena de ilusión y que poco a poco va despegando. Es la marca deportiva que fundé junto con mi mujer, Kratos. Nos hemos especializado en protecciones y material de seguridad para deportistas, ayudándoles a mejorar su rendimiento a través del confort. Dentro de poco vamos a lanzar también la línea casual de ropa. Nos movemos muy lentamente, pero con paso firme.

Aunque lo mío es más la dirección deportiva, me gustaría comenzar a formarme oficialmente como entrenador. Por el mero placer de conocer mejor el juego y absorber distintos puntos de vista. Ya he completado varios cursos enfocados a los porteros, sobre todo, pero me gustaría dar el salto a las certificaciones de UEFA. Por temas evidentes de presencia, me ha sido siempre imposible poder atender a los cursos y ahora que han organizado el UEFA C en Varsovia, me he animado a inscribirme. Me encanta el futsal y todo lo que le rodea, por eso creo que sería más útil fuera del campo que en él, una vez que ya no pueda jugar más. Pero también soy firme creyente de que cuanto más conocimiento tengas del juego, mejores decisiones podrás tomar en los despachos, indistintamente del área a tratar.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Esta última temporada has fichado por un club histórico en Polonia, como es el Legia Varsovia, que jugará por primera vez en la máxima división polaca de futsal. ¿Qué sentiste cuando se produjo tu fichaje por el Legia? ¿Cómo va la temporada hasta el momento? ¿Y estás a gusto en tu nuevo club?

Una grandísima alegría. Y mucha satisfacción. La culminación de mucho trabajo, dedicación y sacrificio. Era un objetivo que tenía desde que se creó la sección hace 3 temporadas, poder algún día jugar para Legia y disfrutar de su increíble afición. El día que se cerró el acuerdo se me escapó alguna lágrima, no te voy a engañar. Por mucho que sea el primer año de Legia en la categoría, es el club más grande del país. Como dicen aquí: “Legia to Legia” (el Legia es el Legia).

Hemos empezado la temporada de manera sensacional. Ganamos los primeros 4 partidos contra todo pronóstico, porque ni siquiera nosotros siendo muy positivos lo esperábamos, ya que jugábamos contra 2 de los equipos llamados a pelear las medallas (aquí en Polonia se consideran también la 2ª y 3ª posición, recibiendo copa y metal). Este pasado martes llegamos al gran duelo contra Rekord (campeones las 5 últimas temporadas) como colíderes, con ellos teniendo el liderato, pero por desgracia, perdimos el primer partido de la temporada (4-1).

No obstante, el objetivo del club es conseguir la permanencia lo antes posible y por el momento, parece que vamos haciendo los deberes con bastantes buenas sensaciones.

Lo cierto es que, si hubiera podido establecer condiciones al fichar por un club, estilo plato con ingredientes personalizados, no podría haber salido mejor que como han venido dados. Imposible. Entrenamos y jugamos en un pabellón a 8 minutos de casa en transporte público; vuelvo a tener antiguos compañeros que tenía en otros clubes, aproximadamente el 90%; tengo a uno de mis mejores amigos jugando conmigo; la afición me ha acogido con los brazos abiertos; y además el régimen de entrenamientos me permite compatibilizar mi vida laboral y mi carrera deportiva. Como te decía, hecho aposta no podría haber salido mejor. Me encuentro comodísimo y sé a ciencia cierta que fue una gran decisión aceptar su oferta. Independientemente del rol que tenga que desempeñar. Me siento muy querido y respetado.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

-Y, por último, ¿Qué expectativas tienes con tu nuevo club en los próximos años?

Creo que en esta respuesta te puedo hacer un Simeone: “vamos año a año”. Jajaja. He llegado a la etapa en la que cualquier deportista empieza a vislumbrar el final de su carrera y hacer demasiados planes a medio o largo plazo no tiene mucho sentido. Se empiezan a sumar también factores como el laboral, el familiar, también que estableces tu vida en un lugar y el cuerpo te pide no moverte mucho… Creo que lo más inteligente es disfrutar este año y ver cómo se acaba. A mí por supuesto que mientras el físico aguante y siga disfrutando de este maravilloso deporte, no me importaría seguir un par de temporadas más. Creo que el club tiene grandes planes de expansión y desarrollo y me haría ilusión formar parte de ellos. Pero como te digo… hay muchos factores que tienen que estar en línea.

Lo que sí tengo claro es que Legia en un periodo relativamente corto de tiempo se convertirá en el dominador de la Futsal Ekstraklasa. Tienen un plan de desarrollo ambicioso y progresivo; poseen los medios de difusión; es atractivo para los jugadores unirse a ellos porque es una gran oportunidad en el currículum; y para colmo, ostentan lo más importante que tiene que tener un club: masa social.

Legia es una marca en sí misma. No importa si hablamos de la sección de futsal, básket, judo o natación (que también las hay); el seguidor de Legia Warszawa irá a ver todos los eventos del club y animará con la misma pasión. Legia es un sentimiento, una religión, un modo de vida. Tienen todos los ingredientes para ser el club más dominante del fútbol sala polaco. Lo puedes sentir en cada entrenamiento y en cada partido del que formas parte.

Foto de Ignacio Casillas en el Legia Varsovia. Vía: legia.net / legionisci.com

Muchas gracias Ignacio, ha sido un placer que nos cuentes cómo es la cultura polaca y su futsal.

Muchas gracias a vosotros por contar conmigo. Mi más sincera enhorabuena por todo el trabajo que realizáis en aras del futsal y por la dedicación y cariño que le ponéis. Gracias a medios como el vuestro, ¡el futsal mantiene la esperanza! Y también un saludo muy afectuoso a todos los lectores de Entorno 5×5.